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{175} Lazy

Este fin de semana he estado un poco lazy, que, para los que no lo sepan, quiere decir perezoso en inglés. Prefiero decirlo así, en inglés, porque queda más ñoño. Así es, más que perezoso o vago, este fin de semana he estado lazy. Si usted, mi querido lector, el sábado me hubiera podido ver por un agujero, tumbado en la cama como estaba, leyendo indolentemente un libro o una revista, vestido con unas bermudas a cuadros y unos calcetines rosas, no hubiera pensado que soy perezoso o un vago o un holgazán, hubiera pensado que más bien soy un poco ñoño y cursi.

Puede que suene autodegradante, pero prefiero describir mi actitud de esta manera, entre otras cosas porque si algo he hecho este fin de semana ha sido leer, y la lectura no me parece para nada un acto de haraganes. Estamos en plena Feria del Libro y, no sé si por influencia mediática o porque ya tocaba, me ha entrado un hambre de lectura tan voraz que me va a llevar su tiempo saciarla. Por lo menos que dure hasta el final del verano, o mejor hasta la próxima feria, cuando la simple contemplación de las casetas en Independencia renueve en mi el apetito lector.

El hambre de lectura se hizo incontenible cuando el pasado sábado por la mañana me di un pequeño garbeo por la Feria del Libro. Me detuve en todas las casetas, en algunas había autores esperando impacientes poder estampar su firma en algún ejemplar de su última creación, pero no encontré nada que me sorprendiera (demasiado Dan Brown, demasiada novela histórica) hasta que, casi al final, encontré la caseta de la Editorial Xordica, lugar donde me decidí a sacar la cartera por fin y gastarme unos euros. Si usted, mi querido lector, se da una vuelta por la Feria del Libro o por una librería, aquí va una pequeña reseña de tres libros más que recomendables que no son ni novela histórica, ni los ha escrito Ken Follet, ni sus autores han ganado el Premio Planeta, el Pulitzer o el Príncipe de Asturias.


  • El Cuaderno de Bruno, de Javier Herce. Este es el debut de alguien que tiene mucho que decir y todo un futuro por delante. El libro narra la cruda historia de Bruno y sus esfuerzos por conseguir lo que el destino le arrebató el mismo día de su nacimiento: la felicidad.

    Cuando las palizas dejaban marcas en su cara, las tapaba con buenas capas de maquillaje, aunque es un poco difícil ocultar un ojo hinchado o un labio roto. Si le rompía un brazo, le decía al médico que se había caído por las escaleras. Recuerdo una vez en que la tuvieron ingresada en el hospital para hacerle unas pruebas. Los médicos pensaban que no era normal que una persona perdiese el equilibrio con tanta facilidad y regularidad, pero no encontraron nada, por lo que terminaron pensando que estaba mal de la cabeza. En realidad era cierto. Si no, no habría aguantado una y otra vez semejante situación.

  • A los hombres de buena voluntad. Sergio Algora se estrena en el mundo de la narrativa con este libro de relatos, una prueba más de su desbordante imaginación y su capacidad para fundir lo cotidiano con lo fantástico.

    Plock, Crocg y Trect (tres altos, apuestos y despiadados ruidos) le susurraban al oído que se tirara y que ellos intentarían no abrir la boca. Mentían. Cada uno de ellos quería acompañar en ese salto a Sara y ser el único protagonista del ruido final. El último ruido. Ese tan comercial y pegadizo con el que te vas a la tumba. Quería hacer el mayor y más desagradable ruido posible para que Sara tomase una decisión.

  • La Vida 2.0, de Mariano Gistaín. Todavía recuerdo el shock que me produjo leer este libro hace ya unos cuantos años. Iba en un bus urbano camino de la Universidad cuando lo abrí por primera vez y leí el relato “Llámame cuando vuelvas”. Pasé de la clase de arte mudéjar y me fui directo a la biblioteca del departamento para continuar mi lectura. Lo leí casi de una sentada. El pasado sábado lo encontré expuesto en la caseta de la Editorial Xordica y no pude evitar comprarlo. Imprescindible.

    Amo tu carne transgénica. Tus labios rellenos de aire húmedo importado de las selvas del Paraná. Adoro tus imperfecciones diseñadas por los mejores expertos, tus putrefactas cejas. Amo tus cicatrices/válvula y tus costras cinceladas al láser. Amo tus moléculas sintéticas, amo tus dientes de berilio con GPS y FM.

Referencias

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Comentarios

  1. Es que Ken Follet y compañía son un dolor! yo antes de dormir, si el messenger me lo permito,me leo un tinto de verano de la señora Elvira Lindo y duermo más bien!

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    Comentario de Jorge G hace 3 años y 42 meses

  2. Jo, yo soy adicto a la columna del domingo de El País de Elvira Lindo. Le tenía un poco de paquete, porque cuando la he visto en la tele o en pelis siempre me ha parecido un poco payasa, pero leyéndola me reconcilio con ella... y con el mundo. Qué cosas más bonitas dice!

    En fin Jaime, que me apunto tus recomendaciones!

    Comentario de mario hace 3 años y 42 meses

  3. Es que las columnas de la Sra. Lindo no tienen precio. El año pasado tuve una pasajera obsesión por esta mujer. Ahora mi devoción por ella se ha estabilizado. Os recomiendo Una palabra tuya. Os sorprenderá.

    Comentario de jaimecín hace 3 años y 42 meses

  4. http://katovizate.blogspot.com/2006/06/meme-mis-ci...

    Comentario de mario hace 3 años y 42 meses

  5. Que lindo blog :)

    Comentario de AnnA hace 3 años y 42 meses


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