{092} Dogville

Fui a ver Dogville y me encantó, aunque al parecer estaba predestinado a verla en fila dos. Digo esto porque, como las dos veces anteriores, cuando fui a sacar la entrada, la butaca disponible más alejada de la pantalla estaba en segunda fila. Tuve que adoptar una postura bastante incómoda, pero Dogville consiguió cautivarme de tal manera que casi ni fui consciente de que estaba viendo la pantalla casi de perfil. Podría estar hablando de las impresiones que me causó la película durante horas. En una época en la que parece que todo está hecho, Lars Von Trier vuelve a impresionar como muy pocos saben hacerlo.
Dogville es la primera parte de una trilogía titulada EEUU, tierra de oportunidades. Cuenta, entre la fábula y el relato bíblico, la terrible historia de Grace (Nicole Kidman), una mujer bella y bondadosa, a la que se le da la oportunidad de quedarse en el pueblo de Dogville a cambio de trabajar para sus habitantes, los cuales no tardarán en enseñar sus dientes, como el mismo narrador nos cuenta.
Con esta película, el director danés vuelve a ponernos delante lo que la humanidad no soporta de si misma. Y mientras otros directores nos acarician, nos dan un pellizco o, a lo sumo, nos abren los ojos a la realidad, Lars Von Trier nos arrea una bofetada de las que te deja con la mejilla ardiendo y el corazón helado. Yo veo en Dogville, además de una representación del lado oscuro y turbio del ser humano, una visión crítica del sistema capitalista, una metáfora de la explotación y del chantaje; pero no sólo en EEUU, en todo el mundo.
El otro día, volvía en autobús de Oposbank, cuando oigo que alguien comenta a unos amigos: Está comprobado, sea el lugar que sea, el inmigrante siempre es el más tonto. Me entraron ganas de decirle: En ese caso, a ti lo que más te conviene es emigrar, pero no lo hice. No eran más que otros hijos de de papá y no merecía la pena. Si al final va a resultar que todas las ciudades (y todos nosotros) son como Dogville, esta por lo menos. De ser así, espero que Grace ya esté entre nosotros, repartiendo su amor y su bondad. Y cuando llegue la hora de aniquilarnos, por favor, que no tenga piedad ni del perro.